3.1.12

Mi ex polola está embarazada.

Lo que les contaré ahora es parte de la historia que me contó un amigo que le pasó a su amigo. Si cree que hay alguna coincidencia con la realidad, pues siéntase aludido, puede ser usted.

Mi amigo se llamará Rodrigo y su amigo, el protagonista de la historia, llevará el nombre de Víctor Hugo. Así me evito la complejidad de usar múltiples vocativos para un mismo zer (No sería malo hacer la definición de Zer, su complejidad y filosofía, así como los usos que se le pueden dar y en qué contextos sirve como insulto camuflado. Será una futura entrada).

Resulta que una de esas ricas mañanas de otoño, cuando todavía se siente el olor a neblina y al despertar uno se imagina cómo el gris del cielo combina a la perfección con las hojas secas, Rodrigo me envía un mensaje por Facebook diciendo lo siguiente: 

Asunto: ¡URGENTE!.
Seba, tengo un amigo -no soy yo- que terminó con su polola y la mina ahora está embarazada. Necesito que me digas qué decirle porque quedé en shock y no atino a algo.

No es que quiera perfilarme como un saco de weas ni que quiera dar la imagen de malillo, como me dijeron por ahí no hace mucho, pero ¿Es necesario decir algo en un momento como ese sabiendo que son dos las opciones posibles?. 
Como para no cagarla con un comentario desubicado y para salir de la copucha, le devolví el mensaje preguntándole si lo conozco y quién es. “Víctor Hugo”, me dice, “El que llevó a la mina para la entrevista en tu programa de radio. De hecho, ella es la que está embarazada”.
Ahí fue cuando casi me trapiqué con el café con leche del desayuno y en una mezcla rara entre tos e impresión, no atiné a hacer otra cosa que lanzar una de las carcajadas más fuertes de mi joven vida y me pregunté en uno de esos segundos eternos en que procesas millones de Teras de información ¿Le respondo en serio, le respondo lo que pienso o me hago el weón y me escapo del momento diciéndole que “No me llegó su mensaje porque se me cayó el Internet”?.

Es que yo conocí a la mina y con Víctor Hugo compartimos un par de varias veces. Es más, conocí al Vitoco cuando estaba de soltero por la vida y yo pensaba que jamás conseguiría una polola… Porque hay gente que está hecha para que uno piense eso, pos: Su voz no es agradable al oído humano, su pará frente a la vida cambia según la gente con la que está al igual que su léxico, tampoco es una persona hecha con cariño aunque sí tiene el salvavidas que le da el porte (uno que es alto, aunque no sea agraciado, siempre puede hacerse notar por el plus que entrega la estatura) y varias cosas más. Pero sí es buena persona el muchacho y muy trabajador.
Y cuando me enteré de que estaba pololeando igual fue grato sentir que mi impresión no era la más certera y que equivocarse, a veces, es bueno para los demás. Pero la alegría ajena que sentía se derrumbó cuando conocí a su mina (la que ahora está embarazada) porque si Vitoco es como es, ella es la versión empeorada… Y más encima con el vestido de novia en la cartera.

Y entre viejos zorros nos entendemos. Ambos nos sentimos como potenciales amenazas. Ella porque cachó que le saqué el rollo y yo porque me sacó el rollo ajajaja. Lo supimos y nuestras miradas tensaron el ambiente desde el momento de la entrevista que le hice hasta la última vez que la vi, cuando nos encontramos los tres caminando por una parte súper top de Santiago.

El ahora bloggero Momo tiene varias taxonomías en su blog, pero la que me parece que describe mejor la relación que estos cabros tuvieron es la del “Te quiero pero…”, donde Y quiere a X pero X quiere A e Y quiere B y al final terminan en un alfabeto chino donde es mejor hacerse a un lado para no enredarse entre tanta letra. 
En definitiva, lo que la mina quería era tener un hijo, casarse si es que era posible para asegurar su vida y aprovechar la mayor cantidad de los miles de viajes de Víctor Hugo. Y casi lo hizo, pero sus instintos la traicionaron y la pillaron encamada con un tercero en la relación, mismo al que llamaremos Miguel.

Víctor y la muchacha terminaron, se eliminaron de todas las redes sociales que se puedan imaginar, eliminaron sus números de teléfono y la única vez que volvieron a juntarse fue para esa tradición súper gringa de “Devolverse las cosas”, deudas incluidas. 

¿Y es de él o del Miguel?”, le pregunté a Rodrigo. Pero como no hubo una respuesta instantánea y el momento se hacía incómodo, le dije lo que había pensado pero de la mejor manera que encontré un día de semana a las 9 am y con la mañana esperándome afuera: “Recomiéndale que se haga un ADN y apechugue o se defienda de la que se le puede venir” pero Rodrigo nunca más me respondió ese mensaje… De hecho, nunca más hablamos del tema, todo lo que sé es porque me puse a intrusear el Facebook de todos los involucrados, incluso el de Miguel y, déjenme decirles que mi olfato tenía razón y la mujer no quería una pareja, sólo un hijo (aunque pensándolo, quizá no podía retener a un hombre y por eso nunca se hizo realidad –hasta ahora- su deseo de casarse).

Y lo peor de todo, es que nunca un amigo le dijo a Víctor Hugo que su polola era más fea que la mentira… Los amigos, pos, nunca saben cómo reaccionar.

Y disculpe el tonito ah, pero sí, era pelambre.

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